Nuestra mente: ¿Una consejera inmejorable?

La cabeza es el mejor regulador del atleta

La cabeza es el mejor regulador del atleta

Si eres un corredor habitual, te habrás enterado de la importancia que tiene acelerar nuestro paso en los momentos clave y de lo importante que es saber cuándo hacerlo. Quizás empezaste demasiado rápido en tu primera carrera o competencia y te faltaba el aire o te abandonaron las fuerzas, cuando completabas la segunda mitad de la misma. Pero aprendiste la lección y en las siguientes oportunidades ya corrías a un paso más moderado, pudiendo así completar el recorrido apropiadamente.
Puede incluso que te hayas vuelto tan buen corredor, que terminas las carreras muy cómodamente.

Consideraciones previas

Entender a la perfección cómo correr una cierta distancia en el menor tiempo posible -sin desmayarte en el intento- es toda una proeza. Esto es así porque incluso cuando miramos el reloj para imponernos un ritmo, instintivamente corremos de acuerdo a nuestras sensaciones: Nosotros decidimos si ir más rápido, más lento o a un mismo paso, basándonos en cuánto esfuerzo somos capaces de soportar.

Hasta hace poco, la ciencia no otorgaba demasiada importancia a este estado mental de velocidad. Si terminabas agotado a media carrera, la mayoría de los expertos decían que la temperatura de tu cuerpo se elevó demasiado o que había mucho lactato en tu sangre.

Pero poco a poco hay más entendidos que creen que la respuesta es un tanto más complicada: Sus investigaciones muestran que nuestro cerebro lee lo que está pasando en nuestros órganos, tejidos y células, mientras estamos corriendo, usando esa información para dictarnos el ritmo correcto a imponer durante toda la carrera. Aprender cómo funcionan esas señales internas, es la clave para volvernos mejores corredores.

La ciencia del ritmo

Los estudiosos del ejercicio están volcados en la teoría de que es nuestro cerebro el que controla nuestro paso: En 1996, un investigador alemán aseveró que cada vez que nos lanzamos a cumplir una determinada tarea, nuestra mente se enfoca en el punto final y trabaja desde allí hacia atrás, calculando qué tan intenso puede ser el esfuerzo que eres capaz de soportar y no obstante, terminar la carrera.

Es un concepto que se denomina “regulación anticipada” que significa que nuestro cerebro, valga la redundancia, anticipa el momento en que vamos a terminar de correr y de acuerdo a éste, regula nuestro paso.

¿Cómo es que el cerebro conoce nuestros límites? Recibiendo señales de nuestro cuerpo e interpretándolas. Bajo esta teoría, nuestra mente es capaz de leer la intensidad del ejercicio y luego revisar los sistemas en nuestro organismo: ¿Tenemos suficiente energía? ¿Estamos bien hidratados? ¿Cuál es la temperatura de nuestro cuerpo?

Respondiendo a estas preguntas decide si podemos seguir a un paso determinado y terminar la carrera. Dicen que cambia el grado de activación de nuestros músculos para hacer que vayamos más lento o más rápido, protegiéndonos así de posibles lesiones.

¿Sobre protector?

Aún sabiendo que el proceso de regulación anticipada está diseñado primariamente para prevenir que suframos alguna complicación física, algunas veces nuestro cerebro puede se demasiado sobre protector y hacer que vayamos más lento antes de que sea adecuado.

¿Cómo se puede prevenir que nuestra mente ponga el pie en los frenos prematuramente? Los científicos afirman que la mejor manera de que nuestro cerebro aprenda a hacerlo adecuadamente, es mediante la experiencia: Mientras más experimentemos la fatiga, nuestro cerebro conocerá mejor cuáles son nuestros verdaderos límites.

Otros proponen una estrategia diferente: Corriendo la segunda mitad de nuestra rutina más rápido que la primera, nos entrenará para invalidar las intenciones de nuestro cerebro que intentan reducir nuestra velocidad durante la parte final de una competencia.

Para tener en cuenta

Estas técnicas de entrenamiento ayudarán tanto a tu cuerpo como a tu mente a entender el esfuerzo que necesitamos, ya sea para hacer algún ejercicio o para correr en una competencia a un paso adecuado. Por lo general, la sensación de fatiga está en nuestra mente. Nuestro cuerpo suele contar con las reservas necesarias para seguir adelante. No te olvides de esto cuando tu cerebro te diga que tienes que reducir tu paso.

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