La fuerza del optimismo

Si somos optimistas, tenemos la mitad del camino hecho

Si somos optimistas, tenemos la mitad del camino hecho

Una cosa es ser optimista y otra muy distinta mentirnos a nosotros mismos. No tendría ningún sentido llevar hasta las últimas consecuencias, aplicándola además a nuestro propio cuerpo, la filosofía de Charles Colonne, el célebre hacendista de Luis XVI. Cuentan que en cierta ocasión, cuando la reina María Antonieta le dijo que quería pedirle un favor, respondió: “Señora, si es posible, la cosa está hecha; si es imposible, se hará”. Pero si tenemos bien plantados los pies en el suelo (requisito, por otra parte, indispensable para empezar a correr) y somos conscientes de nuestras limitaciones, planteándonos objetivos asequibles a medio o largo plazo, no hay ningún motivo para no ser optimista.

El poder del deseo

Desear que las cosas nos vayan bien es la mejor manera de sentar las bases necesarias para que realmente empiecen a irnos bien. Por grandes que sean nuestras cualidades físicas, de poco van a servirnos si nos dejamos invadir por pensamientos negativos. Permitir que nos domine la incertidumbre, llenarnos de dudas sobre nuestras capacidades o temer que no vamos a lograr nuestro objetivo son formas casi seguras de no conseguir lo que deseamos. Si piensas que algo irá mal, es muy posible que acabe yendo mal, porque de alguna forma estás condicionando tu actuación incluso antes de iniciarla.

Objetivos asequibles

En cambio, pensar que todo irá bien puede que no garanticé el éxito (o por lo menos la consecución de nuestras metas particulares), pero seguro que nos ayuda a conseguirlo. Se trata de marcarse un objetivo mínimamente asequible e ir a por él. No estamos hablando, por ejemplo, de correr 10.000 metros en 35 minutos si actualmente lo haces en 45. Puede que no sea imposible para siempre, pero sí que lo es ahora mismo y seguro que lo será durante mucho tiempo. Es bastante más sensato plantearse objetivos cercanos, como correr esa distancia en 43 o 44 minutos. Cuando lo hayas logrado, ya te plantearás hacerlo un poco más rápido, quizá en 41 o 42 minutos. Y así sucesivamente. Puedes ser todo lo optimista que quieras, pero siempre que responda a una base real.

Certeza y voluntad

El optimismo también se trabaja y una de las formas más inteligentes de hacerlo es a través de pequeños logros que nos vayan dando confianza y nos empujen, poco a poco, a ser cada vez más positivos sin dejar por ello de conocer nuestras carencias. Correr es un acto que nace de la voluntad, pero también de la certeza que corremos por algo, sea lo que sea, que nos impulsa a seguir corriendo. En este sentido, podéis ser optimistas. Salvo lesión o enfermedad, todo está en vuestras manos; mejor dicho, en vuestros pies.

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