Dónde corremos

Las grandes ciudades son propicias para salir a correr

Las grandes ciudades son propicias para salir a correr

Fijémonos en cualquier gran ciudad a cualquier hora del día. Seguro que hay algún atleta trotando sobre el asfalto. Observemos ahora un pueblecito cualquiera. Puede que tardemos más en detectarlo, pero tarde o temprano pasará algún corredor que desafíe la tranquilidad reinante con zancadas más o menos poderosas, más o menos armónicas. Vayamos por último, como caso extremo, a un paraje muy alejado, perdido quizá entre las montañas. Es muy posible que tengamos que armarnos de paciencia, pero algún día, cuando menos lo esperemos, oiremos una pisadas inconfundibles que nos indican que se acerca un corredor, tal vez una corredora, quién sabe si una ultrafondista que se apellida Panayotou y va camino de una nueva proeza.

Pisar asfalto

Podemos correr casi en cualquier sitio, está claro. Pero casi siempre corremos donde podemos, donde nos pilla más cerca en función de nuestras circunstancias. Los atletas urbanos no tienen más remedio que pisar mucho asfalto, pero a la más mínima oportunidad buscan pistas de tierra. Parques, jardines, algún espacio de superficie más blanda que les ayude a minimizar el impacto contra el suelo y prevenir posibles lesiones.

Pistas más blandas

Otra solución es buscar campos de fútbol, descampados o incluso pistas de atletismo de tartán, un material mucho más blando que el asfalto. A la larga son más beneficiosos para el organismo, pero pueden tener el inconveniente de estar más lejos de casa y puede que los atletas, a menudo muy limitados por sus quehaceres y obligaciones cotidianas, no dispongan del tiempo necesario para desplazarse.

Sin alternativas

Los expertos afirman que no es nada bueno correr siempre sobre el asfalto, pero hay muchas personas que no tienen más alternativa y prefieren hacerlo a dejar de correr. Eso sí, siempre que tienen la oportunidad se desplazan a donde haga falta para gozar con caminos mucho más benignos para los pies, las piernas, la columna vertebral y, en suma, todo el cuerpo.

Afortunados

En este sentido, los más afortunados son los corredores que viven en pueblos repletos de pistas de tierra, quizá la mejor superficie para trotar. Les basta con salir a la calle, cruzar a lo sumo un par de calles asfaltadas y empezar a correr hacia cualquier dirección.

Circuitos a la carta

Pero si hay algo que une a los corredores urbanos con los demás, a todos los corredores, es la posibilidad de diseñar su propio circuito y cambiarlo cuantas veces les venga en gana. Hoy por aquí, mañana por allá y pasado mañana ya veremos. El dónde fluctúa (o no) en función de los intereses y posibilidades de cada uno. Muchos puede que sigan siempre el mismo itinerario y no es descabellado que otros lo cambien casi cada día.

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