Actividad cerebral

La cabeza lo es casi todo

La cabeza lo es casi todo

Sin cerebro no seríamos nada. Los grandes corredores destacan por su poderío físico, por una velocidad y resistencia fuera de lo común, pero también por su mentalidad ganadora y por la capacidad de aplicar la estrategia más adecuada en cada momento. Sin ninguna necesidad de formar parte de la élite, cualquier corredor sería bien poca cosa si no contara con un cerebro que le dice cuándo es necesario frenar o apretar en una carrera o si un día determinado conviene entrenar o no.

Sensaciones positivas

La actividad cerebral, decisiva en cada una de las pruebas o rodajes que llevamos a cabo, es aún más importante de lo que puede parecer a simple vista, ya que además de permitirnos tener muy claro a qué podemos aspirar y cómo podemos conseguirlo, nos proporciona multitud de sensaciones positivas que nos animan a seguir corriendo aunque sea a la hora del almuerzo.

Beneficios físicos y psicológicos

Todos los corredores, y muy especialmente los que simplemente corren por placer, sin estar demasiado pendientes de sus marcas o clasificaciones en las carreras, coinciden en que su deporte favorito es muy agradable y genera todo tipo de beneficios físicos y psicológicos, un bienestar generalizado que incluso va más allá de los rodajes.

Generar endorfinas

La explicación, cómo no, está en el cerebro. En primer lugar, quizá, en la glándula pituitaria, el hipotálamo y la región frontolímica. Allí es donde, al realizar ejercicio, se generan las famosas endorfinas, también conocidas como hormonas del bienestar. Cada vez que corremos inyectamos (es un decir) endorfinas en la parte del cerebro asociada con las emociones, lo que en muchas ocasiones desemboca en una sensación de euforia muy habitual en los fondistas.

Pensar mejor

Pero correr no sólo nos ayuda a sentirnos mejor. También hace que pensemos con más claridad. El motivo lo hallamos, una vez más, en el cerebro, en este caso en el cortex frontal, parietal y temporal. Y es que al correr frenamos en cierta medida la perdida de masa gris, que acostumbra a iniciarse a partir de los treinta años.

Agilidad mental

Veamos otro efecto positivo del ejercicio aeróbico. El lóbulo frontal es el responsable de la conducción de mensajes entre las distintas áreas del cerebro. Este proceso empeora con la edad, pero el ejercicio consigue minimizarlo y mantenernos más ágiles mentalmente.

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