El para qué se parece mucho al por qué; en realidad pueden ser equivalentes, pero si nos centramos en las consecuencias del correr, en los efectos que provoca en nuestro organismo y en nuestras vidas, el para qué da mucho de sí. Corremos para que nuestros pulmones funcionen mejor, nuestras piernas se hagan más fuertes y resistentes, nuestros vecinos nos admiren o critiquen al vernos pasar, nuestra pareja se alegre o impaciente cada vez que iniciamos una nueva sesión... Cada persona sabe con cierta exactitud para qué corre, pero muchas veces no puede controlar los efectos de su afición sobre ella misma y sobre los demás. Es lo que podríamos llamar el terreno del para qué no corremos.

Hay tantas motivaciones como corredores en una maratón
Para qué indeseado
Veamos ahora el caso de una atleta, también popular, que descubrió hace relativamente poco las bondades del running. Empezó con la intención de perder unos kilitos y, después de conseguirlo, se mantiene fiel a sus rutinas diarias. Se siente mucho más en forma, está más delgada y de paso, por qué negarlo, resulta más atractiva a ojos de su pareja. Va entrando en una dinámica de querer hacer cada vez más kilómetros y, al cabo de un par de años, decide preparar un maratón. Su marido, aparentemente, está orgulloso de ella. La anima a correr siempre que pueda y a hacer cada vez rodajes más largos, a veces de dos horas o más. Lo que ella no sabe es que su marido tiene una amante y que aprovechan los largos ratos que ella no está en casa para entregarse a sus festines amorosos. Puede ser sólo una anécdota, en este caso inventada, pero seguro que esta mujer no corre para que su marido se líe con otra.
Contraste brutal
Analicemos un tercer caso. Un atleta aficionado con serios problemas de autoestima que corre para mejorar su físico y, al tiempo, piensa que su nueva afición lo está haciendo más popular entre los vecinos que le ven trotar casi cada día por las calles del barrio. Lo saludan, lo animan y siempre le sonríen, lo que provoca que nuestro protagonista se sienta cada vez mejor, muy contento de sentirse apreciado por sus vecinos. Lo que él no sabe es que, cuando ya se ha alejado los metros suficientes para que no les oiga, afloran comentarios del estilo de “Pobre idiota; fíjate, parece un pato”, “¿Has visto cómo suda? Da pena” o “En mi vida había visto un alfeñique trotador”. Él no corre para provocar esos comentarios, sino quizá para todo lo contrario. Tanto en este caso como en el de la mujer con el marido infiel, el contraste entre el para qué de uno y el de los demás es brutal, pero los principales afectados ni se enteran.
Tags: consecuencias de correr, correr para adelgazar, correr para mejorar la autoestima

No hay comentarios
Aún no hay comentarios. ¿Quieres dejar un comentario?