Motivacion

Los riesgos de la vanidad

Escrito por Josep Pastells / 23 de abril de 2009

No da paso seguro quien corre por el muro, reza un dicho castellano que, con toda probabilidad, no fue pronunciado por primera vez por alguien que pensara en el temible muro del maratón, el momento en que, generalmente a partir del kilómetro 30, muchos de los que se enfrentan a los 42,195 kilómetros empiezan a quedarse sin fuerzas. En realidad, el citado dicho se refiere a la imprudencia de seguir, por más cortas, las vías dificultosas, algo que, en el caso de los corredores, equivale a querer ir más rápido de lo que se puede.

En la vida, como en el maratón la vanidad es mala consejera

En la vida, como en el maratón la vanidad es mala consejera

También es cierto que, en algunos casos, con prudencia se puede ser hasta imprudente, pero por regla general no es aconsejable dejarse llevar por la vanidad. En demasiadas ocasiones, sobre todo en las carreras más largas, los corredores actúan dominados por sensaciones positivas que no se corresponden para nada con su estado de forma. Se creen capaces de mantener un ritmo muy alto y, en la inmensa mayoría de los casos, ello les acaba pasando factura en los últimos kilómetros, viéndose obligados a abandonar o consiguiendo registros muy inferiores a los que podrían haber logrado si hubieran seguido una táctica más conservadora.

Querer demostrar algo

La cosa se complica si se trata de demostrar algo a alguien que no seas tú mismo. No hay ninguna razón para hacerlo, pero esta idea se apodera de ti y te impulsa a cometer tonterías. Da igual que aparezca de repente, en pleno entrenamiento o en una carrera, o que estés madurándola desde hace días o semanas. Si te riges por las apariencias y tratas de deslumbrar a otra u otras personas es casi seguro que acabarás corriendo mal, es decir, demasiado rápido, sin disfrutar para nada de los beneficios de correr. Y en estas situaciones, salvo raras excepciones, puedes tener por casi seguro que no conseguirás nada de lo que te propongas, ni el tiempo anhelado ni la admiración de las personas a las que pretendías impresionar.

Un mal enemigo

La vanidad, que no tiene nada que ver con el optimismo, es uno de los peores enemigos del ser humano. Y también del corredor, sea profesional o aficionado. Puede que los primeros estén aún más expuestos a ella, pero es mala consejera para todos y casi nunca les sirve para rendir cómo desearían, porque una cosa es ir al límite de tus fuerzas y otra muy distinta sobrepasarlas sin otro motivo que intentar lucirte.

Una costumbre fea

Pero una cosa es la vanidad antes y durante la carrera y otra muy distinta cuando ésta ya ha terminado. Alardear de tus registros, incluso de tus éxitos, es una costumbre también muy extendida. Y muy fea. Puede que los demás te aplaudan o finjan admiración, pero puedes estar convencido de que a tus espaldas te dedicarán frases poco halagüeñas.

Todo tiene su medida

No hay nada malo en estar orgulloso de tus logros y en remarcarlos si viene a cuento, pero todo tiene su medida y quienes los enfatizan en exceso, aunque se trate de atletas notables, incluso de campeones, acaban provocando el efecto contrario al que desearían. Por fortuna, los que son realmente grandes no acostumbran a alardear de sus hazañas, porque éstas hablan por sí mismas.

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