Son metáforas muy vistas, muy gastadas, pero ello permite que cuando te refieres a ellas todo el mundo se haga una idea muy aproximada de lo que quieres decir, aunque no cabe duda que en la mayoría de las ocasiones exageramos. Pero cualquier corredor mínimamente experimentado ha pensado alguna vez que estaba sufriendo tanto como si estuviera en el infierno o, si nos situamos en el otro polo de la cuestión, que se lo está pasando tan bien que eso debe ser algo muy parecido al paraíso. Visto así, infierno y paraíso pueden ser los extremos del correr.
¿Quién no ha dicho alguna vez “esto es un infierno”?, ¿qué corredor no ha sentido en alguna ocasión que el esfuerzo que está realizando es inhumano y que si se sostuviera en el tiempo sería algo así como un castigo eterno? A menos que seamos unos consumados holgazanes o no hayamos tenido jamás ni la más mínima intención de progresar, es muy probable que en ciertos momentos de nuestra vida como corredores nos dejemos invadir por sensaciones negativas. Con un elevado componente de cansancio físico o dolor, por supuesto, pero también con sus buenas dosis de malestar psicológico, de pensamientos destructivos que equiparan nuestras vivencias con lo peor que le puede ocurrir a una persona.
Desenlace positivo
Lo mejor de todo, si es que hasta ahora había algo bueno en lo que estábamos comentando, es que estas bajadas al infierno, estas catástrofes personales, acostumbran a ser fugaces y culminan con un desenlace claramente positivo. Nos ayudan a ser más fuertes y resistentes, a conocernos y mejorar. Hemos estado en el infierno y hemos salido de él. Puede que algún día volvamos a cruzar sus puertas, pero seguro que lo haremos con menos miedo, sabiendo que en el fondo nos viene bien estar allí y, salvo hecatombe mayúscula, volveremos a ver la luz del sol, la esfera celeste.
Sensaciones pasajeras
Lo de sentirse en el paraíso, entendiendo como tal un lugar muy placentero, también es muy propio de los corredores de fondo, capaces de deleitarse con la observación de la naturaleza, la compañía de otro atleta o la satisfacción física y mental que se experimenta al acabar un maratón o, simplemente, al ducharse tras un entreno de calidad. Como ocurre con el infierno, se trata de sensaciones pasajeras que, no obstante, pueden repetirse muchas veces a lo largo de una vida, lo que no deja de ser un aliciente más para seguir calzándonos las zapatillas y disfrutar al correr.
Tags: dolor al correr, éxtasis del corredor

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