Por desgracia, son muy comunes entre los fondistas, que en demasiadas ocasiones tienden a ignorarlas y, a pesar de ser conscientes de que deberían guardar reposo, no se resisten a la tentación de salir a correr. Existen muchos tipos de lesiones y los grados de gravedad también pueden ser muy variables, pero lo peor que podemos hacer es resistirnos a la evidencia de que algo va mal y pretender hacer lo mismo que hacíamos cuando no estábamos lesionados.
Un caso muy común es el de los atletas que corren con lesiones crónicas. Les disgusta enormemente la simple posibilidad de tener que renunciar a sus rodajes habituales y, por intensas que sean las molestias, se mantienen fieles a sus rutinas, sin variar ni un ápice los kilometrajes ni el tiempo que dedican a su deporte favorito. Vistas desde fuera, actitudes de este tipo resultan difíciles de entender. Vistas con la perspectiva de un fondista, también.
Dolor en la rodilla
Pongámonos en el caso de Paco, un atleta aficionado de 45 años que lleva más de veinte corriendo y desde hace algo más de seis meses sufre fuertes dolores en la rodilla izquierda. Paco no quiere oír hablar de los médicos, ni menos aún de la opción de descansar. “¿Pasarme una semana sin correr? Imposible”, responde cuando le sugieres que tal vez le convendría un poco de reposo.
Descanso forzoso
Paco sigue corriendo seis meses más, con dolores cada vez más fuertes. Hasta que llega un día en el que, por mucho que lo intenta, es incapaz de enlazar dos zancadas. El dolor se ha intensificado de tal manera que no le queda más remedio que admitir que no puede más. Lo más lógico sería acudir al médico, pero Paco opta por descansar. Una semana. Luego vuelve a calzarse las zapatillas y descubre que la rodilla izquierda todavía le duele, que sigue sin poder correr.
Esfuerzo excesivo
Un mes más tarde todo continúa igual y, casi contra su voluntad, Paco acude al médico. El diagnóstico es claro: ha impuesto un esfuerzo excesivo a sus piernas durante demasiado tiempo y la rodilla izquierda está gravemente dañada. La única solución es operar, aunque el médico no descarta que, si no lo hace, tras un largo período de descanso, por lo menos medio año, pueda volver a correr. Sin excesos, por supuesto.
La cruda realidad
¿Medio año sin correr?, ¿operarse de la rodilla? Ninguna de las dos opciones es del agrado de Paco, que por primera vez en su vida se da cuenta de que ha actuado mal. Por no descansar cuando su cuerpo se lo reclamaba, por no ir antes al médico, quizá por las dos cosas.
Tags: evitar lesiones del corredor, lesiones al correr, prevenir lesiones

Sin Comentarios
Aún no hay comentarios. ¿Quieres dejar un comentario?