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Condicion Fisica

Cuándo corremos

Escrito por Josep Pastells / 6 de Marzo de 2009

A cualquier hora del día, en alguna parte del planeta, miles de amantes del running se entregan a su deporte favorito. Algunos lo hacen con pasión y otros, creo que una minoría, como si estuvieran cumplimentando un trámite farragoso, pero cada uno de ellos ha elegido su momento para correr, exceptuando, claro está, las situaciones en que sea una especie de castigo o, peor aún, la única forma de salvar la vida. Pero aquí hablamos de los que corren por vocación deportiva, de los que deciden cuándo toca calzarse las zapatillas para poner a prueba las piernas y el corazón.

¿Cuál es la mejor hora para salir a correr?

¿Cuál es la mejor hora para salir a correr?

Estamos muy acostumbrados a pensar que el cuándo está marcado por el horario; pero, sin dejar de ser cierto, existen otros factores que determinan en qué momento nos disponemos a correr. Nuestro estado de ánimo, por ejemplo. Aunque tengamos perfectamente programada una sesión a las seis de la tarde y contemos con todo el tiempo del mundo para salir a trotar, si no nos apetece en absoluto es muy fácil que lo pospongamos y cambiemos el ahora por el más tarde o, peor aun, por otro día.

Variedad absoluta

Está claro que el cuándo es variable, tanto como los corredores. Algunos prefieren entrenar a primera hora, incluso antes de que salga el sol. Otros, quizá la gran mayoría, lo hacen entre la tarde y la noche, mientras que un grupo tal vez más reducido prefiere el mediodía. Cada uno de ellos tiene sus motivos y, aunque los humanos tendemos a las rutinas, se reserva la opción de correr en otro momento del día si a ello le obligan las circunstancias o su estado de ánimo.

Etapas vitales

También podemos hablar del cuándo en términos más globales, no refiriéndonos a un horario concreto sino a una etapa de la vida. Muchos corredores lo fueron en su juventud pero nunca más han vuelto a ponerse a prueba sobre la tierra o el asfalto. Otros no han hecho deporte en su vida y en plena madurez les tienta la idea de correr. Y hay unos cuantos que ya ni se acuerdan de cuándo se aficionaron al running y siguen en ello a pesar de haber cumplido setenta u ochenta años.

Sin reglas fijas

Como en casi todo, no hay reglas fijas y cualquier hábito puede hacerse o deshacerse con gran facilidad. Incluso los más constantes pueden dejar de serlo si hallan una razón lo suficientemente poderosa y no es descartable que el individuo más reacio, ese que siempre se ha reído del cansancio de los atletas, se convierta en uno de ellos y por cualquier motivo inesperado empiece a correr a buen ritmo.

Deseo auténtico

Muchas veces el cuándo parece una cuestión de azar, algo que ni siquiera depende de nosotros aunque nos guste pensar que lo controlamos todo. El trabajo, la familia, los amigos, nuestras posibilidades económicas o nuestra salud, por citar sólo cinco factores, pueden condicionar de tal manera el momento en qué corremos que en determinadas circunstancias podemos llegar a pensar que hacerlo no constituye un acto de libertad. Por fortuna, sí que lo es. Salvo casos excepcionales, sólo corremos si lo deseamos de verdad, cuando nos apetece y nos ayuda a sentirnos mejor.

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