Una de las tendencias más extendidas es la que relaciona las inspiraciones con las zancadas siguiendo modelos determinados. Por ejemplo: inspirar durante tres zancadas y expirar durante otras tres (3-3) o durante dos y dos (2-2) o incluso dos y una (2-1). Lo ideal es que los corredores que se decantan por alguno de estos sistemas experimenten hasta dar con el que les funcione mejor, aunque todo dependerá siempre de la distancia a recorrer y de los posibles cambios de ritmo.

Cuestión de frecuencia

No es lo mismo una carrera de cinco o diez kilómetros que una media maratón o un maratón, ni tampoco tiene nada que ver correr a tres minutos (3′) por kilómetro que hacerlo a 5′. En general, cuanto más rápido queramos correr menor debe ser la frecuencia de respiración, aunque los expertos coinciden en que practicar un 1-1 sería excesivo e incluso peligroso.

Hay que experimentar

En cualquier caso, los que desean saber cómo respirar al correr no pueden pretender que nadie les proporcione una respuesta definitiva, porque todo dependerá de sus capacidades y objetivos. En consecuencia, lo más sensato es experimentar con diferentes modelos en situaciones distintas. Lo que está claro es que respirando muy despacio no resulta sencillo correr deprisa, mientras que si inspiramos y expiramos con cierta rapidez no será precisamente para avanzar despacio.

Mejor no preocuparse

En el caso de los velocistas, todo resulta mucho más sencillo. O eso parece. En cierta ocasión, cuando le preguntaron al atleta madrileño Carlos Rocha cómo lo hacía para respirar en las carreras de cien metros, se encogió de hombros y respondió: “No lo sé, a lo mejor ni siquiera me da tiempo de respirar”. Luego, al plantearle qué le recomendaría a un fondista, se mostró convencido de que lo mejor es no preocuparse por la forma en que respiramos. Tenía toda la razón.