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 El ritmo de entrenamiento se mejora entrenando Correr es una actividad que aporta numerosos beneficios a la salid del individuo. Cuando se decide comenzar a realizar la actividad, es necesario alcanzar una relación aeróbica, que permita desarrollar una actividad constante a toda la estructura orgánica. Correr implica algunas responsabilidades, pero lo principal es alcanzar un ritmo propio que permita al corredor sentir un buen rendimiento en la actividad. La respuesta física y aeróbica mejora con el paso de los días de entrenamiento; esto implica constancia y perseverancia en las rutinas de entrenamiento.
Muchos corredores entrenan solo para sentirse bien, otros lo hacen para competir y formar parte de pruebas de maratón o carreras cortas. En todos los casos el ritmo propio del corredor es muy importante.
Entrenar
Durante los entrenamientos el corredor desarrolla el propio ritmo de carrera. Correr es una disciplina que ocupa ciertos estilos y técnicas que permiten mejorar el rendimiento de la actividad. La posición de las manos, la postura de la columna, la dirección de la mirada, el movimiento de piernas, la distancia de los pasos, la posición del cuello y cabeza, son algunas de las características que componen técnicas de ejercitación y que definen el ritmo de cada corredor.
Al entrenar, el deportista desarrolla sus propios movimientos con características propias, regulando la respiración, el movimiento de las manos y observando sus propios signos. El modo de correr es característico de cada persona, el ritmo también, y aun mas si se entrena en solitario.
Correr
Correr solo o acompañado es muy diferente. La capacidad aeróbica del individuo muchas veces disminuye al intentar copiar un ritmo que no es propio o al acelerar la capacidad de respuesta a las exigencias de las carreras. Conservar el propio ritmo es también un desafío para el corredor. En las pruebas de maratón, conservar el ritmo individual implica un gran esfuerzo ya que la presencia de otros deportistas muchas veces complica la concentración individual. Adquirir un ritmo propio no es todo lo que un corredor aspira a obtener, también debe conservarlo y mejorarlo, pero siempre disfrutar de la actividad deportiva.
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 Debemos visualizar el objetivo Correr es una actividad que no tiene limitaciones de edad, la actividad solo implica responsabilidades de cuidado físico, y si es posible un buen complemento en la dieta. Aunque muchas personas eligen esta actividad como medio para combatir el estrés, mover el organismo y desarrollar una vida sana; el comienzo necesita ser observado.
Si la rutina de vida es sedentaria, el desarrollo de una actividad como correr debe ser progresivo. Al comenzar ningún individuo debe exigir a su cuerpo el desplazamiento en grandes distancias, tampoco un esfuerzo físico de velocidad que pueda ocasionar alguna lesión. La actividad debe significar para la persona un momento de dispersión. Muchos individuos comienzan caminando.
Caminar
Caminar es un buen comienzo para poner en movimiento el organismo. Caminatas periódicas contribuyen a oxigenar el cuerpo y movilizar los músculos acostumbrados a la vida sedentaria. Quienes desarrollan esta actividad tienen la oportunidad de liberar su mente del estrés laboral, y todo el contexto que rodea la vida sin ejercicios. Muchos individuos deciden desarrollar la actividad acompañados de música; esta es una buena idea para contrarrestar el murmullo y ruido de las grandes ciudades.
Es importante no intentar adelantar los tiempos si el objetivo es comenzar a correr y posteriormente desarrollar una rutina de entrenamientos periódico. Exigir el organismo, no tiene ningún beneficio en el físico en general. Cuando consideramos la posibilidad de correr es importante realizar un chequeo medico para evitar cualquier contratiempo. Siempre que se decide realizar una actividad física el control medico es una buena idea.
Objetivos
Los objetivos personales tienen mucho que ver en el desarrollo de una actividad física. Si lo que se busca es algo de movimiento y distender la mente evitando el estrés, se debe considerar que quizás desarrollar rutinas de caminata es suficiente. Si en cambio se busca alcanzar un estado físico mejor, bajar de peso u optimizar el entrenamiento se debe considerar realizar un plan de ejercicios progresivos para alcanzar los objetivos personales. Correr es una excelente actividad física para cuidar el organismo en general.
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 Correr en la playa es muy duro, pero provechoso Algunos deportistas que habitan zonas cercanas a costas de mar, deciden llevar adelante rutinas de entrenamiento sobre la arena. Todas las superficies tienen sus particularidades y cuidados. Correr en la playa implica tener grandes cuidados en a posición de los pies y el esfuerzo que debe realizar la estructura muscular en un terreno muy blando. Si bien es necesario alternar el contexto de entrenamiento para dominar la rutina y el estrés; no existe un programa de entrenamientos específico para correr sobre arena. Sin embrago se pueden tomar numerosas medidas de prevención y de entrenamiento profesional teniendo en cuenta las experiencias de deportistas de verano.
Deportes de verano
Durante los tiempos vacacionales se realizan numerosas experiencias deportivas en las playas. Una de las actividades más conocidas y que ha adquirido la importancia de ser internacional es el voleibol de playa. Este deporte adquirió gran popularidad desde los años veinte. En ese momento se lo practicaba casi exclusivamente en Estados Unidos.
Debemos tener en cuenta que la experiencia de los deportistas en esta actividad es extensa; por lo tanto las particularidades observadas en la superficie de juego pueden contribuir en el desarrollo deportivo de correr en la playa. Algunos practicantes de voleibol de playa utilizan un delgado calzado para cubrir la base de los pies y minimizar el desgaste de la arena; sin embargo muchos otros refieren realizar la práctica descalzos. Proteger los tobillos y realizar pasos seguros son algunas de las técnicas que evitan movimientos que puedan ocasionar lesiones.
Correr
Al correr en arena se producen numerosas molestias en el calzado que pueden ocasionar ampollas, desgastes y situaciones de pequeñas heridas en la piel. El deportista debe tener en cuenta que conocer el terreno es la mejor posibilidad del atleta de evitar lesiones y contratiempos. Si bien al correr en la arena los músculos realizan un esfuerzo mayor que en otras superficies, los tobillos sufren las lesiones por malos movimientos y movimientos de la superficie. Correr en la arena es una actividad que puede combatir el estrés pero implica riesgos de movimientos en la superficie.
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 La coherencia es el camino del éxito La vida está llena de decisiones y el caso de los fondistas no es ninguna excepción. Sólo nosotros podemos marcarnos el camino que queremos recorrer, los kilómetros que pretendemos cubrir en un año, las carreras en las que nos gustaría participar. Sólo nosotros estamos capacitados para decidir hacia dónde llevamos nuestras zancadas, con que frecuencia, a qué velocidad.
La dirección correcta
Ser coherentes con nuestras decisiones es el primer paso para seguirlas sin dudas ni desmayo, convencidos de que avanzamos en la dirección correcta. Aplicada al mundo del running, la coherencia suele ser una buena acompañante, casi una brújula que nos marca por dónde debemos ir cada vez que aparece algún motivo de desaliento, incluso cuando nos atacan las lesiones.
Tiempo y método
Pero un corredor es doblemente coherente cuando, al plantearse un objetivo concreto (pongamos que correr media maratón en 90 minutos), decide que lo mejor es planificar la preparación con tiempo y método, crear un programa específicamente diseñado para cumplir un objetivo nada sencillo que difícilmente lograría si se ciñera a sus rodajes habituales.
Programa a mano
El corredor se volcará más o menos tiempo con el programa. Si lo diseña él mismo puede que le lleve más tiempo que si simplemente lo copia de un libro o una revista, pero una vez tomada la decisión de seguirlo hasta las últimas consecuencias no hará falta que lo memorice ni lo tenga presente a todas horas. Le bastará con escribirlo en cualquier parte donde lo tenga a mano cuando lo necesite.
El mejor camino
Puede que el éxito llegue de todas formas y un corredor en concreto consiga la marca deseada sin haber llevado a cabo una preparación específica de acuerdo con un programa muy meditado, pero siempre se tratará de casos excepcionales. Lo más sensato y razonable cuando nos planteamos un objetivo es analizar nuestras opciones reales de lograrlo. Y una vez estudiadas, deberíamos saber que el camino del éxito es tanto o más importante que el éxito, que éste siempre es relativo y que lo más importante, siempre, es intentar hacer bien las cosas, ser coherentes con nosotros mismos y con nuestras metas.
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 Correr requiere una gran dosis de inspiración Quienes corren periódicamente muchas veces enfrentan momentos de desmotivación. La iniciativa e inspiración para llevar adelante la actividad de correr incide directamente en el resultado deportivo. La tendencia a sufrir lesiones e interrupciones en el plan de entrenamiento son mayores en la medida que el deportista sufra de aburrimiento, estrés o sobre entrenamiento. Conservar la iniciativa es un desafío de todo corredor.
Como conservar la motivación
Conservar la motivación en los entrenamientos y la concentración en el correcto empleo de la técnica deportiva, implica una gran responsabilidad para el deportista. En los momentos en que el corredor no tiene motivación para desarrollar su rutina es preferible suspender el entrenamiento por ese día o realizar una actividad complementaria para mantener un buen desarrollo deportivo.
Correr sin voluntad, sin inspiración y sin disfrutar la actividad, puede ocasionar grandes inconvenientes en el deportista. Cuando el corredor comienza ha desarrollar su rutina deportiva posee gran voluntad para llevar adelante el periodo de entrenamiento. Con el paso del tiempo, la voluntad y motivación pueden sufrir desniveles e incidir en el rendimiento deportivo. Para optimizar el rendimiento deportivo es conveniente que el corredor realice complementariamente otras actividades para armonizar con su rutina.
Otras actividades
Son numerosas las actividades deportivas que pueden realizarse como complemento de la rutina de correr. Además de realizar correctamente los periodos de recuperación y descanso para evitar síntomas de sobre entrenamiento; el deportista puede reemplazar determinados días del programa de entrenamiento por rutinas de otras disciplinas que cumplen iguales objetivos. Para fortalecer los miembros inferiores y mejorar el resultado aeróbico, es una buena idea alternar los entrenamientos con días de natación y de gimnasio. Lo importante de todo esto es realizar siempre un buen desplazamiento del organismo y no sobrecargar la resistencia muscular.
Cuando se realiza otra disciplina como complemento se deben reemplazar días de entrenamiento y no sumar una carga de ejercicios al plan ya realizado. Es importante que el deportista se sienta a gusto con la actividad que realiza y no lo asuma como una obligación.
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 Planificar es la base de un buen entrenamiento La lectura más habitual de los programas es la que nos permite seguir el día a día y fijarnos en el tipo de entrenamiento que debemos llevar a cabo en una jornada concreta, o incluso la que nos sirve para visualizar lo que nos espera, sean los rodajes que nos quedan antes de un maratón o las series que deberemos completar antes de las vacaciones. Pero los diarios de entrenamiento también son muy útiles cuando se trata de echar la vista atrás y, tal vez, aprender de nuestros errores.
Errores y frustración
Puede que hayamos estado entrenándonos durante 12 ó 13 semanas para completar un maratón en menos de tres horas y media. Estaba todo perfectamente planificado y no nos desviamos ni un milímetro de las indicaciones de un programa que, además, estaba elaborado por uno de los mayores expertos mundiales en la materia, pongamos que Abel Antón. Pero, por las razones que sea, nos han sobrado tres minutos para alcanzar nuestro objetivo y no nos sentimos a gusto, estamos frustrados.
Análisis objetivo
La primera tentación será echarle la culpa al programa. “Estaba mal hecho”, “hice demasiados kilómetros”, “hice muy pocos”. Cualquier excusa puede ser buena cuando se trata de echar la culpa a los demás, pero lo que en realidad deberíamos hacer es analizar objetivamente nuestra actuación y preguntarnos por qué no hemos logrado lo que parecía a nuestro alcance. Quizá descubriremos que en realidad no hicimos tanto caso a Antón como creíamos (cuando nos recomendaba, por ejemplo, que si nos sentíamos muy cansados no saliéramos a correr aunque lo pusiera el programa), o que tal vez le hicimos demasiado caso sin darnos cuenta de que nos habíamos puesto el listón demasiado alto, o que salir de juerga hasta las tantas de la madrugada no es la mejor manera de encarrilar el rodaje largo de los domingos.
Mirada crítica
Sean cuales sean las causas de nuestro pequeño fracaso, lo único que importa ya es que repasando críticamente el programa y nuestra forma de llevarlo a cabo seremos capaces de descubrirlas y, si realmente nos lo proponemos, evitaremos caer en los mismos errores la próxima vez. Planificar no garantiza nada, pero ayuda un montón.
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 Si tenemos un plan, debemos cumplirlo con disciplina Sobre el papel, en el ordenador o en cualquiera de los artilugios que la técnica pone a nuestro alcance para facilitarnos la vida. Lo importante es que escribamos nuestros planes, porque en caso contrario es muy probable que se los lleve el viento. O, suponiendo que por fuerte que sople el viento nos mantengamos aferrados a nuestro programa, si éste es sólo mental resultará muy complicado que lo recordemos punto por punto. Qué hay que hacer cada día, si nos conviene correr en altura, cómo, durante cuánto tiempo… Puede parecer sencillo, pero si estamos hablando, por ejemplo, de planificar una temporada atlética o, para ser más concretos, un maratón, los detalles y las variaciones serán tan numerosos que sólo una mente privilegiada y concentrada, diríamos que perfecta, sería capaz de recordarlo todo.
Mejor apuntarlo todo
Por lo tanto, lo más sensato si queremos ser metódicos hasta el extremo es apuntarlo todo. En una agenda, un diario, un documento de Word o una hoja cualquiera. Lo importante es escribir todo lo que planificamos. Parece fácil, pero enseguida comprobaremos que no lo es tanto. A menos que tengamos la cabeza cuadriculada, cualquier planificación puede enfocarse de muchas maneras y decidirse por alguna de ellas, o por una mezcla de distintos sistemas, siempre provoca dudas.
Servicio a la carta
Puede ocurrir que simplemente copiemos un programa llevándonos por los consejos de algún atleta famoso y mientras lo vamos escribiendo, o al repasarlo después de escribirlo, nos apercibamos de que no es exactamente lo que andamos buscando. Es entonces cuando, guiándonos siempre por el sentido común y el conocimiento de nuestras posibilidades, podremos adaptar nuestra planificación (por algo es nuestra) a lo que realmente deseamos hacer.
Improvisar hasta cierto punto
En cierta forma, se trata también de improvisar mientras planificamos, algo que no es para nada incompatible siempre que la improvisación termine en el momento exacto en el que damos por bueno el programa. A partir de entonces, si realmente hemos decidido ser metódicos deberemos centrarnos en seguir lo que hemos escrito, al fin y al cabo la manera más metódica y razonable de acercarnos a nuestros objetivos.
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 A veces no es malo improvisar en el entrenamiento Si nuestro objetivo no va más allá de mantenernos en forma, alcanzar un peso adecuado que nos permita afrontar con más ganas la vida diaria, la improvisación nos ofrece grandes ventajas, ya que no debemos ceñirnos a ninguna rutina determinada ni a horarios concretos. Podemos salir a correr cuando nos dé la gana o, siendo más realistas, cuando nos sea posible pero siempre dentro de grandes márgenes de libertad.
Posibilidades casi infinitas
Da igual que hoy sólo corramos veinte minutos, o que lo hagamos a un trote muy lento, porque tal vez mañana correremos dos horas todo lo rápido que podamos o quizá decidiremos descansar un par de semanas o entrenar cinco días seguidos. Cuando optamos por la improvisación, las posibilidades a nuestro alcance son tan grandes como nuestra imaginación, siempre que no nos creamos super héroes capaces de correr en vertical, volar o saltar lagos y océanos, claro. Lo importante es que al improvisar nos dejamos llevar por nuestros deseos inmediatos y, en general, hacemos caso a nuestro cuerpo, que en muchas ocasiones es más sabio que nosotros.
Sentirse libres
Además, improvisando nos sentimos más libres, algo que no viene nada mal en los tiempos que corren. Al fin y al cabo, si el objetivo es simplemente correr, sentirnos a gusto con nosotros mismos y mantener un físico equilibrado sin aspirar a nada más, improvisar es quizá la mejor solución.
Objetivos específicos
En cambio, si nuestras aspiraciones son más concretas, si nuestro objetivo está marcado en el calendario y nos obliga a realizar entrenamientos específicos que ademas deberíamos seguir a rajatabla, lo más sensato es planificar. Aunque sea mentalmente, debemos tener muy claro cuál va a ser nuestro programa de entrenamiento, cuántos días vamos a dedicarle y qué haremos cada día.
Esfuerzo físico y mental
En caso contrario, nos arriesgamos a saltarnos más de un rodaje y a llegar a nuestra cita en peor forma de la que desearíamos. Cualquier programación exige un esfuerzo físico y mental superior al que realizamos cuando nos dedicamos a correr sin más, pero los resultados acostumbran a valer la pena.
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 Es frecuente ver corredores delgados Es una cuestión de lógica, derivada tanto de la actividad en sí misma como del deseo de alcanzar el mejor peso posible para correr mejor. Y, como es obvio, cuanto más delgados estemos más correremos, por lo menos si no estamos refiriendo a pruebas de fondo (ya sabemos que los velocistas acostumbran a ser un poco más musculosos, una consecuencia directa de realizar un esfuerzo tremendo durante pocos segundos).
Buena fórmula
En realidad, muchos corredores empiezan a serlo cuando deciden hacer algún deporte para adelgazar. Nada satisfechos con los dígitos que refleja la báscula cuando se pesan, optan por iniciarse en la práctica del running porque están convencidos de que es una de las más rápidas y mejores fórmulas para perder peso. Tienen razón, pero harían bien en no precipitarse y buscar pérdidas paulatinas, ya que de lo contrario será mucho más fácil que al menor descuido vuelvan al peso inicial.
El mejor ejemplo
Pero está claro que correr adelgaza. La mejor prueba la tenemos en cualquier carrera popular, en cualquier maratón. Siempre habrá unas cuantas personas que se salgan de la norma, pero por lo general estas pruebas estarán repletas de individuos delgados y fibrosos que ejemplifican los efectos del running cuando se trata de perder peso.
La dieta
Está claro que estas personas no estarían tan delgadas si sólo corrieran. Podéis dar por seguro que también siguen una dieta más o menos equilibrada en la que, salvo casos excepcionales, la bollería industrial, los embutidos o las bebidas azucaradas brillan por su ausencia. Y es que no tiene ningún sentido entrenar con absoluta dedicación y hartarse de hacer kilómetros si después, al llegar a casa, nos alimentamos de todo tipo de alimentos abundantes en grasas y en calorías.
Una línea muy fina
De todas formas, hay muchas clases de delgados y muchos tipos de delgadez. Cada corredor deberá descubrir cuál es su peso ideal, el que le permite mantenerse en forma y saludable mientras consigue sus mejores registros. Ocurre con cierta frecuencia que algunos atletas ya delgados siguen intentando perder peso a toda costa sin darse cuenta de que al final acabará perjudicándoles a la hora de correr, ya que aunque pesen menos también podrán imprimir menos fuerza a sus zancadas. Cada uno debe saber hasta dónde puede llegar, una línea que acostumbra a corresponderse con nuestras propias sensaciones, con conseguir o no el bienestar al correr.
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